Misántropo, el odio de un hombre que conquistó al público teatrero

1 ene

Siempre que me han preguntado cuál es mi película o mi libro favorito no he sabido dar uno concreto. Me parece demasiado complicado volcar en un solo título todo mi paso por este mundo. Me ha ocurrido, sin embargo, pensando en este post para el blog, que la palabra Misántropo, Misántropo, Misántropo… se repetía en mi cabeza como un mantra. Para mí es, casi sin dudarlo, EL montaje de la cartelera de teatro del año 2014.

Un fenómeno teatral llamado Misántropo

Vi por primera vez este texto de Molière en versión de Miguel del Arco y su compañía Kamikaze Producciones, acompañada por un nutrido grupo de tuiteatreros, en el Teatro de Rojas de Toledo. Ya predije en ese entonces, con osadía y sin miedo a equivocarme, que Misántropo sería un éxito y arrasaría a su paso por el Teatro Español de Madrid el pasado mes de abril.

Y así fue. Localidades agotadas en muchas de sus funciones y el público puesto en pie aplaudiendo a rabiar se convirtieron en una constante. Pero el éxito no quedó entre los límites de la capital. Las críticas y comentarios en las redes sociales, siempre entusiastas, nos llegaron desde cada ciudad por la que pasó este magnífico grupo de actores en estado de gracia (Israel Elejalde, Bárbara Lennie, Raúl Prieto, Cristóbal Suárez,  José Luis Martínez, Miriam Montilla y Manuela Paso).

Que estamos ante uno de los fenómenos teatrales del año no es cosa mía, lo comparten, por poner tan solo dos ejemplos, periodistas y críticos de teatro como Julio Bravo (ABC) o José Luis Romo (El Mundo), y centenares de menciones en Facebook y Twitter.

Momentos de teatro y danza que recordaré de 2014

Pero es justo decir que hay vida más allá de Misántropo, por suerte para las gentes teatreras. De entre los más de 50 espectáculos de teatro, danza o música que habré visto en 2014 en ciudades como Madrid, Londres, Buenos Aires, Almagro, Avignon o París, me quedan estupendos recuerdos de muchos de ellos.

Valiéndome únicamente de sensaciones mencionaré la ilusión que mi hizo asistir a comienzos de año en Londres al estreno del ballet Le Corsaire, y conocer a la virtuosa bailarina Tamara Rojo, directora actual del English National Ballet. En España este espectacular ballet se pudo ver en abril en los Teatros del Canal.


En enero también se produjo un hito importante en mi vida teatrera: el bautismo tolcachiriano. Claudio Tolcachir, para muchos mesías del teatro argentino, estrenó con reparto español Emilia. Reconozco que vi una forma de hacer teatro distinta, pero mi comunión con él no llegó hasta unos meses más tarde, en Buenos Aires, a través de Tercer cuerpo o La omisión de la familia Coleman.

Otro gran acontecimiento, no solo para mí, sino para la vida teatral madrileña fue la apertura de La pensión de las pulgas, hermana pequeña de La casa de la portera. A sus padres, José Martret y Alberto Puraenvidia, la criatura les está dando muchas alegrías. En mi memoria quedarán potentes imágenes de ese MBIG inaugural, referencia del teatro a corta distancia.

En una sala de mucho mayor aforo y dimensiones, en las Naves del Español de Matadero, descubrí Cuando deje de llover, del autor australiano Andrew Bovell y bajo la dirección del para mí desconocido Julián Fuentes Reta. A partir de una original y a veces desconcertante puesta en escena, van desfilando miembros de una misma familia para plasmar lo dificultoso de las relaciones paterno filiales. Contado desde la empatía hacia el ser humano, asistimos a una serie de cuadros en los que comprobamos cómo repetimos patrones sin remedio. Imperdible.  

2014 ha sido sin duda el año de consagración del dramaturgo José Padilla. Desde que escuché su nombre por primera vez por la versión del Enrique VIII que la Fundación Siglo de Oro llevó hasta el Shakespeare Globe Theatre de Londres, no ha dejado de parir proyectos. Hasta Rusia ha llegado su Haz clic aquí, después de triunfar en el Centro Dramático Nacional. Me quedo con su capacidad para leer nuestra realidad actual y trasladarla al escenario para obligar al espectador a cuestionarse sus prejuicios. Por cierto, esta obra suya me vino a la cabeza cuando vi meses después El principio de Arquímedes, en el teatro de la Abadía, interesante propuesta de Josep María Miró en torno a los miedos de la sociedad actual.

Como con los Kamikazes y Padilla me ocurre con Pablo Messiez, ya no me pierdo nada de lo que pergeñen. Me interesa lo que crean. Messiez este año ha dado un vuelta de tuerca a su universo con Los brillantes empeños, pero, con permiso del respetable, siguen estando en mi top su trilogía Los ojos, Muda y Las plantas, que este año repuso la Sala Mirador.

Otro nombre al que me gustaría seguirle la pista es al autor y director Pablo Remón. La abducción de Luis Guzmán es lo mejor que he visto en el Teatro Lara en 2014. Estamos ante una nueva demostración de que con muy poquitos recursos pueden crecer historias entrañables.

roberto álamo triunfa con lluvia constante en el año de misántropoDe entre los intérpretes, me quedaré con un Roberto Álamo que en Lluvia Constante se sale dando la réplica a Sergio Peris-Mencheta. Traspasa los límites del escenario y deja patente un trabajo como actor serio y arriesgado. Probablemente sea uno de los mejores trabajos de su carrera.

No quiero concluir sin mencionar a quienes saben echar la mirada atrás y devolvernos a los clásicos. Desde la fidelidad a los textos de Lope de Vega con la que la compañía Rakatá nos presentó El perro del hortelano o El castigo sin venganza, hasta la locura disparatada con la que Ron Lalá homenajea a Cervantes En un lugar del Quijote.

Me dejo títulos sin mencionar, pero dudo que muchos hayáis llegado hasta el final de este artículo. Deseándonos muchos fenómenos Misántropo para 2015, si os parece emplazamos la charla para una buena post función. ¡Nos vemos por los teatros!

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